Llenas de sangre miró hacia adentro, se levantó y dio dos pasos de espaldas para ver lo que sus manos habían hecho. Una bocanada de aire para llorar era entrecortada por la desesperación e impotencia. Al mismo tiempo, relajado, sabía que del otro lado de la puerta estaba esperándolo su futuro con una cartera roja de pecas blancas y pelo siempre arreglado.
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